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Cambio descendente: vivir mejor ganando menos


Cambio descendente significa bajar en el sentido de reducir, pero también, y quizás mejor aún, significa reducir en el sentido de reducir la velocidad, tomárselo con calma y disfrutar más. los cambio descendente es, por tanto, un redimensionamiento, un cada vez más pequeño, pero positivo y portador de beneficios personales y colectivos.

Cambio descendente es una palabra en boga entre quienes, y son muchos, piensan que para no jugarse el planeta es necesario cambiar ciertos hábitos, empezando por el consumo (de territorio, materias primas, energía ...) contentándose con menos sin empeorar su calidad de vida. vida. Cambio descendente no se aprieta el cinturón, se consume mejor; no es rebajar el precio, al contrario, apunta a la calidad más que a la cantidad, solo para darse cuenta de que así es como se vive mejor.

Que te digan que puedes vivir mejor ganando menos parece una hemorragia nasal, pero según los partidarios de cambio descendente es posible y no tan difícil. El secreto está en hacer eficiencia, otra palabra redescubierta por la crisis, eliminando consumos innecesarios. De esta manera, gastará menos sin sacrificios, y los menores ingresos no solo no serán un problema, sino que le permitirán descubrir el aspecto más auténtico de la calidad.

los cambio descendente comienza con las pequeñas cosas. El prejuicio tiene sus raíces en el imaginario colectivo de que los pequeños gestos cotidianos de cada uno son demasiado pequeños para afectar las causas reales de la degradación ambiental y social. De esta forma, olvidamos que nuestra forma de vida es precisamente la más importante de estas causas, por lo que incidir en los comportamientos individuales diarios es fundamental para reducir los residuos.

Que hacer cambio descendente y al poder vivir mejor mientras se gana menos, se puede comenzar por evitar que la luz eléctrica brille en las habitaciones vacías, usar correctamente los electrodomésticos e instalar dispositivos para ahorrar energía. Igualmente útil es limitar el desperdicio de agua y el consumo de productos químicos.

Dijimos que el cambio descendente está en las pequeñas cosas, aquí hay una: solo el 3% del agua doméstica se usa para cocinar o beber, mientras que el 40% se usa para tirar el inodoro o lavar los platos. Los desagües de los inodoros por sí solos (los tipos tradicionales usan 16-20 litros de agua en cada descarga) representan el 16% del consumo total de agua y el 28% del consumo de agua doméstica. Para reducir estos consumos basta con adoptar las cisternas de dos compartimentos con 4-12 litros de residuos.

Mirando a tu alrededor te das cuenta de que el deseo de cambio descendente ya se concreta en coviviendas o en buenas casas de barrio, aldeas de estilo caserío a la antigua que te permiten cubrir determinadas necesidades gracias al compartir y la ayuda mutua (reparto de costes energéticos, ayuda en la gestión de los hijos, compras colectivas ...). El huerto urbano es también un ejemplo de cambio descendente, al igual que todas las iniciativas de uso compartido de automóviles y bicicletas que están surgiendo numerosas.

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